Tomemos una escala, de menor población a mayor:
- Seceda (O Caurel)
- Infesta
- Betanzos
- A Coruña
- Madrid
- Londres
- Nueva York
Cierto que en esta escala relativa podríamos ir más allá por ambos lados hasta llegar por el de menos a algún eremita aislado y por el otro hasta contemplar el mundo como ese punto pálido azul en la inmensidad del Universo. Pero no es necesario, basta con quedarnos en la tranquilizadora relatividad del planeta Tierra y en una linea cultural medianamente asimilable.
En general, los puntos de inmediata proximidad se contemplan con recelo. Así, una localidad pequeña suele contemplar con envidia a la inmediatamente más grande. Direis: “¿envidia? ¿de qué?”. Lo que demuestra casi siempre un movimiento de defensa del ego ante algo inmediatamente superior (en tamaño). A nadie le gusta sentirse inferior y, de hecho, nadie es esencialmente inferior a nadie, pero otra cosa es el sentimiento profundo que brota del incontrolable subconsciente. La localidad más grande tiende a despreciar, como algo insignificante y sin valor a lo inmediatamente inferior. En cuanto nos movemos dos puntos arriba o abajo los sentimientos cambian. Dos puntos por debajo llega a parecer romántico y bucólico. Dos puntos por arriba suele escapar a nuestra comprensión y alcanza adjetivizaciones de caos o locura.
Comprendo que lo que acabo de escribir es polémico y requeriría matizaciones. Posiblemente genere antipatía y hasta rechazo. Pero el que quiera entender el significado psicológico y social del asunto, lo entenderá sin buscarle veredas ocultos que no existen.
Afinidades distorsionadas
Cuando la vida de dos personas que provienen de dos ambientes culturales distintos se cruza es evidente que se pueden producir distorsiones. La escala que he construido antes es más o menos comprensible. Pero cambia mucho si en vez de Londres hubiera elegido Calcuta o en vez de una localidad de O Caurel se tratase de un poblado de Senegal. Esto explica por qué a veces vemos emparejamientos difíciles de entender. Os pongo un ejemplo: una vez conocí a una chica cubana que se casó con un chico español de un pueblo pequeño de cierta comunidad autónoma de España. Se instalaron en España y vivieron “felices” durante unos pocos años. Al cabo de ese tiempo la chica fue conociendo más gente. Se fueron a vivir a una ciudad grande y ambos tenían sus trabajos. Las diferencias culturales eran obvias para cualquier observador externo menos para ellos (temporalmente). Esas diferencias estribaban en que en Cuba, aunque no nos de esa impresión en primera instancia, el nivel educativo general es (lo siento si alguien se molesta) muy superior al de alguien que, en España, se ha conformado con la educación general básica. Es obvio que la vida es corta y todo el mundo tiene derecho a ser feliz no solo emocional y físicamente sino también intelectualmente. Según esta premisa (despojándola de cualquier juicio moral) las posiblidades de una relación duradera eran más bien escasas; como así fue.
Observad ejemplos a vuestro alrededor, que los hay. Las diferencias de expresión hacen que personas que provienen de ámbitos muy diferentes contemplen idílicamente a alguien con un nivel cultural muy distinto por el simple echo de que al ser de otro sitio geográficamente lejano la persona se idealiza. Luego, la convivencia pone de relieve las obvias diferencias.
La magnitud local nos marca
La vida en las localidades pequeñas tiene importantes ventajas, la mayor parte de las cuales atañen al sistema nervioso. La vida en las localidades más grandes aporta diversidad en todos los ámbitos, uno de los cuales indudablemente es la diversidad cultural y de oportunidades en este sentido.
Por tal razón la gente que vive en localidades grandes contempla a las más pequeñas como una especie de reducto primitivo donde la cultura escasea… lo que nos llevaría también a la generación de tópicos más o menos desvirtuados. Lo que está claro es que una persona que viva en una localidad grande suele detectar por sus modos, habla y expresión al que vive en una localidad más pequeña.
Pero a lo que voy: las diferencias culturales, hoy en día, no dejan de ser una elección personal. Existen los libros y el acceso a la información así como a la formación, aunque sea de forma autodidacta.
Direis: todo eso también es relativo en cuanto a que tenemos la radio, la televisión e Internet.
Pero os digo: no olvideis que somos animales de costumbres. Que aún teniendo acceso a un depósito más o menos grande de cultura tendemos a filtrar y quedarnos con lo que encaja cen nuestra estructura básica fenotípica; o sea, la que hemos formado mediante las influencias externas.
Así, casi siempre escuchamos nuestra emisora de radio favorita. La televisión nos proporciona pasivamente los materiales para construir nuestra cultura en base a intereses comerciales y/o ideológicos. Internet es vasta, enorme, pero siempre transitamos por los mismos sitios. Del teléfono móvil nos quedamos con las llamadas y el Guasap.
Tener medios no significa que seamos capaces de utilizarlos para ir más allá de lo que hasta el momento somos personalmente.
Así que, en general, continuamos toda la vida expresando las características que hemos conseguido formar en base a los medios básicos que nos ha proporcionado la localidad en la que nos hemos desarrollado.
La inteligencia cultural es cuestión de medios
Poco podemos hacer, aparte de ejercer un activismo persistente, con los medios de información y formación que nos ofrecen las instituciones oficiales de un país. En el caso de España asistimos a un vergonzante desmantelamiento de la cultura. No solo se grava económicamente sino que literalmente se está haciendo desaparecer. La investigación científica ha sido ya borrada del mapa. La educación básica pasa por momentos dramáticos. No hablemos ya de cualquier otro tipo de promoción de la cultura. Si el movimiento que se observa prosigue, en este país y con un gobierno afín a una institución como la Iglesia Católica cuya característica más relevante no es precisamente el progreso cultural de la humanidad, terminaremos alcanzando las más altas cimas de la medievalidad. Esto conllevará un regreso a las más acusadas diferencias culturales entre localidades grandes y pequeñas. En las localidades grandes siempre habrá más diversidad cultural. Las localidades pequeñas se encerrarán aún más en su burbuja, sin oportunidades de crecimiento intelectual.
¿Qué podemos hacer?
Por una parte solo resta el camino hacia el que nos abocan: crear nuestras propias oportunidades culturales. Todo este movimiento sangrante de restricciones al final puede tener una consecuencia interesante: que medre la autopromoción de la cultura, el cooperativismo y hasta el autogobierno. La gente, tarde o temprano, debe recuperar las riendas de su vida o conformarse con la más negra decadencia.
Y por otra, solo resta hacer un llamado para aprovechar al máximo todas las opciones que queden para abrir nuestra mente a la inteligencia y la cultura. Algunas propuestas:
- Escucha otras emisoras de radio. Por ejemplo: hay mucha, pero mucha más música, que los 40 principales.
- Apaga la televisión. En serio, es el medio más pasivo, idiotizante y manipulable que existe.
- Nunca te fíes de la prensa escrita para hacerte una composición de la realidad.
- Usa Internet y los dispositivos que te permiten el acceso a este depósito mundial de cultura de una manera amplia. En serio, Internet es mucho más que Facebook. Inténtalo. Si quieres un punto de partida haz algunas visitas a este directorio de sitios útiles. Tal vez no es el mejor ni el más extenso pero te aseguro que su objetivo es que cualquier persona pueda ampliar su conocimiento navegando por sitios realmente interesantes totalmente fuera de los circuitos comerciales. Elige temas y explora. Tu conocimiento general se expandirá de manera asombrosa.
- Asiste a cualquier evento cultural que se realice en tu localidad. No hay excusas: cine (lástima, en Betanzos hay sala pero no hay cine), teatro, exposiciones de arte, conferencias, presentaciones de libros.
- Visita otros bares, relaciónate con otras personas aunque sea superficialmente. A la mínima oportunidad pídeles que te recomienden algún libro para leer. Es emocionante leer libros que te van recomendando, sobre todo si no son los últimos que van promocionando las editoriales.
- Apúntate a cursos de lo que sea. Especialmente no te quedes descolgando de las nuevas tecnologías. A veces se organizan cursos (a veces). Consulta la web del Concello.
Respecto a lo del cine lo cierto es que en la breve historia del séptimo arte se han hecho películas extraordinarias. Salte de los caminos trillados, descubrirás tesoros.
El teatro es, sin embargo, una expresión cultural increiblemente poderosa. Fascinados por las pantallas de vivos colores lo estamos relegando a un oscuro rincón. Te aconsejo que recuperes el interés por el teatro antes que por las películas en 3D. Las tres dimensiones como espectáculo ya existen desde hace varios miles de años. Hay teatro (de vez en cuando) en Betanzos y grupos profesionales y aficionados que están escenificando maravillosas obras. Tu cerebro agradecerá mucho que le proporciones algo de teatro.
El arte es algo que, en el último siglo y pico, ha roto las barreras de los conceptos y hemos acabado por no entenderlo. Tal vez porque resulta complicado de explicar y etiquetar. No podemos permitirnos una deficiencia tal. El arte ya no es necesariamente el mero reflejo de la realidad (para eso está la fotografía) ni una expresión matemática de la armonía. El arte es, sobre todo originalidad y la forma en la que el subconsciente humano se expresa. Eliminar la contemplanción del arte equivale a una deficiencia vitamínica. Algo dentro de nuestro complejo neuronal y emocional se alimenta con el arte. En Betanzos está el Centro Internacional de la Estampa Contemporánea que contiene una enorme colección de arte realizada con las diferentes técnicas de grabado. Es un privilegio tener esta Fundación físicamente en Betanzos y, estoy seguro, que aún hay mucha gente que no ha entrado jamás. Por otra parte, afortunadamente, se organizan numerosas exposiciones en el Liceo. Sería muy triste que alguien no aprovechara aunque sea unos minutos para pasar la vista por lo que cualquier artista o colectivo de artistas expresa utilizando colores u otros materiales.
En cuanto a conferencias, presentaciones de libros y otros actos hay, casi siempre, numerosas opciones muy interesantes. En este sentido cabe destacar la incesante labor de Eira Vella aunque hay muchos otros colectivos que organizan muy diversos actos. Es signo de buena salud mental e intelectual tener la voluntad de asistir aunque sea por la higiénica razón de aportar a nuestro cerebro diversidad de razonamientos y escapar de los férreos carriles que nos conducen al pensamiento único, signo indiscutible de senectud mal avenida.
En resumen.
El tamaño importa, relativamente. Pero al final, lo que cuenta es lo que tú haces con las oportunidades que tengas, sean muchas o pocas. Si fuera por el interés del gobierno bastaría con el nivel de idiota productivo. Así que, ahí queda el camino que nos mostró McGyver, que con un alambre desmantelaba una central nuclear. Cuestión de xeito.
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