BETANZOS – El PasaTiempo

Pasando el tiempo en Betanzos

Desvariando sobre la violencia

17 Feb2008

¿Violencia inteligente?Hace uno dí­as me sorprendió la noticia sobre una especie de boicot violento, en Galicia, a una persona que iba a dar una conferencia sobre no sé que tema. Como veis suelo ver la vida con vista bastante desenfocada.

Francamente, lo que me llamó la atención fue que ocurriese en Galicia. Ese tipo de escenas suelo asociarlas subconscientemente al independentismo vasco, por ejemplo.

Han pasado unos dí­as y leo someramente las secuelas de la noticia.

En primer lugar, lo único que veo destacable es la “violencia verbal”. Los empellones y similares ocurren inevitablemente cuando un ser humano que insulta se aproxima a un ser humano que va protegido por otros seres humanos. Incluso, aunque no haya seres humanos protegiendo, el propio ser humano blanco de insultos tiende a empujar cuando el ser humano insultador rebasa la “distancia de seguridad”. Es obvio. ¿Habeis visto lo que pasa cuando dos seres humanos que no se conocen se cruzan en algún callejón estrecho? ¿No? Se tiende a apretar el culo. Lo que equivale a adquirir cierta tensión muscular.

Si uno de los seres humanos parece manifiestamente hostil el grado de tensión se acerca al pánico e, inevitablemente, hay movimientos de defensa.

En resumen, me parece que la noticia se exagera por todos los lados. O se tergirversa de forma perversa (por todas las bandas) Lo cual no quita que las provocaciones verbales den la sensación de manifestar no sólo desacuerdo sino hostilidad e intolerancia rayana en tendencias dictatoriales, fanáticas e inquisitoriales.

Y ahora, ya que estoy puesto, en contra de mis santas costumbres, escribiré un pseudo-ensayo sobre la violencia. Pero, para librar de la visión de tal desatino a quien no le apetezca siquiera echarle un somero vistazo… será necesario realizar una pequeña acción:

Básicamente la violencia, en general, es un instinto primario que surge de las regiones profundas del cerebro. El llamado cerebro reptiliano. Sin duda, es un mecanismo de defensa que en todos los animales tiene un sentido lógico.

El insuficiente desarrollo de la corteza cerebral hace que en las etapas infantiles del desarrollo la frustración se exprese en forma de violencia. Primero llanto incontrolable, más tarde pataletas y violencia fí­sica y verbal.

El desarrollo de la corteza cerebral nos va dotando de otros medios para enfrentarnos a la frustración y, especialmente, para conseguir nuestros objetivos. En algunos casos, también, para justificar la violencia. Lo cierto es que la corteza cerebral puede desarrollarse con un mapeado neuronal de casi infinito diseño.

Por eso, los seres humanos, podemos justificar casi cualquier actitud imaginable.

Así­ que la dialéctica razonativa utilizada para convencer a un contendiente ideológico suele estar abocada al fracaso. Porque el mismo mecanismo razonativo puede ser aplicado con la misma coherencia a defender la tesis opuesta. Imagí­nese el lector los ejemplos que quiera.

Por tanto sólo puedo hablar de la violencia en términos prácticos. Violencia útil o violencia inútil. La utilidad o inutilidad de la misma vendrá determinada por su capacidad para facilitar la consecución de los objetivos que la motivan. Si ninguna consideración moral.

Así­, es obvio que la violencia expresada por un ladrón de domicilios es útil para la consecución del objetivo inmediato, que es robar (aunque, en algunas ocasiones, se obtenga una respuesta violenta mayor).

La violencia contra la pareja sentimental es totalmente inútil para el objetivo de conservar el amor (aunque, en algunas casos, exista un receptor masoquista).

Para no expandirme por los cerros del Mesón do Vento usaré el tema noticiable que funda este artí­culo como muestra analí­tica.

¿Es la violencia útil o inútil para el objetivo de conseguir la independencia de un territorio o de un gobierno?

No vale expresar un concepto moral. Ni tampoco considerar que el independentismo sea un objetivo condenable. De hecho, en el marco de la libertad de expresión, es totalmente lí­cito. Las situaciones que sean interpretadas como opresión por cada ser humano o cada colectivo pertenecen al terreno de las vivencias í­ntimas. No son fácilmente objetivables y, por tanto, no pueden (no deben) ser agredidas.

Tenemos ejemplos históricos de violencia con resultados aparentemente positivos: la revolución francesa, la revolución independentista de Simón Bolí­var…

En la primera se libera a un teritorio de los excesos de una monarquí­a. Bueno, en la segunda también.

El primer problema se plantea al pensar si quienes utilizan medios violentos serán capaces, una vez que pasen a gobernar, de transformarlos en tolerancia y libertad. Y, por tanto, bienestar y calidad de vida para el pueblo gobernado. Desgraciadamente la historia nos invita a ser escépticos. China, Korea, la antigua URSS, la extinta Alemania del Este, el Chile de Pinochet, la dictadura militar Argentina, la España de Franco… [complete usted la lista si lo desea].

Ahora bien, como ejemplo de que la dialéctica razonativa es una auténtica navaja suiza véanse éstos:

- ¿Por qué tiene que ser mala una dictadura?

- Algunas obras del gobierno militar de Pinochet. + Tribuna. (Fundación Augusto Pinochet)

¡Internet es grande! Nos permite demostrar de forma incuestionable la teorí­a de Sof sobre la multidireccionalidad de la dialéctica razonativa :-)

Busques lo que busques siempre encontrarás argumentos.

Los motivos de las revoluciones violentas suelen ser encomiables. Los resultados, muchas veces, cuestionables. Personalmente no me gustarí­a vivir en la mayorí­a de esos paí­ses que se han liberado de algo mediante la violencia. Prefiero algunas islas remotas gobernadas por reyezuelos tribales antes que desfilar uniformado ante la efigie de un megadictador, una oligarquí­a ideológicamente comprometida, agitar banderitas, hacer signos con las manos, cantar himnos, tragar con imposiciones ideológicas (sean polí­ticas, religiosas o solisombra) y/o patriotismos exigidos bajo pena capital.

El segundo problema viene derivado de la inteligencia que pueda encontrarse detrás de la violencia. Las revoluciones citadas más arriba (la francesa y la liderada por Simón Bolí­var) consiguieron objetivos porque una gran cantidad de seres humanos participaron en ellas.

Cuando los violentos son minorí­a evidente el uso de la violencia, lejos de conseguir adeptos, tiende a generar rechazo. Siempre hay pequeñas excepciones que son las que mantienen la minorí­a. En la etapa adolescente nos fascina integrarnos en un grupo. Y si es un grupo “revolucionario” nos sentimos más exclusivos. Hay quien se siente exclusivo vistiendo de Prada y quien se siente exclusivo quemando contenedores de basura. En ambos casos, como se ve fácilmente, hay una estética tribal, una uniformidad que nos identifica con el rebaño grupo.

Sólos nos sentimos asustados. Por eso un grupo con tendencias fanáticas se junta para excitarse. Una vez excitados se lanzan a acciones más o menos violentas (fí­sicas, verbales, de auto-afirmación…). Esto proporciona una sensación de exclusividad o de “realización”. Freud dirí­a que se trata de personas atascadas en la “fase anal del desarrollo”. Precisan un grupo con el que mimetizarse y excitarse, apoyarse mutuamente y defender violentamente el “orden” en el que se han integrado y atrincherado.

Así­, creamos un nuevo ramal en el argumento. Si el grupo violento tiene una suficiente masa crí­tica tiene posibilidades de cumplir su objetivo. Si se expresa violentamente desde la minorí­a conseguirá un rechazo progresivamente aumentado de la mayorí­a (la mayorí­a incluye todos los subconjuntos posibles que no interseccionen con el grupo violento).

Lo cual nos lleva a un posible objetivo oculto de un grupo minoritario violento. Reforzar su posición “anal” a base de conseguir un rechazo del conjunto mayoritario. Sentirse mártires de una causa produce una borrachera de endorfinas y cohesiona más al grupo. Es algo que hacemos desde pequeños: nuestros padres no nos comprenden, los profesores nos tienen maní­a, la sociedad es una mierda, somos los pioneros de un mundo mejor… todo eso, en el fondo, nos resulta enormemente satisfactorio, nos auto-reafirma y nos hace sentir que, finalmente, “somos algo”. Es muy compleja la psiquis humana, evidentemente.

Lo que está claro es que la violencia desde la minorí­a esboza claramente una falta de inteligencia para la obtención de objetivos o bien que los verdaderos objetivos permanecen ocultos entre los profundos pliegues del cerebro primitivo e inconclusas fases de desarrollo. Bueno, vale incluso una tercera teorí­a: la manipulación del grupo por parte de otro que sí­ sabe lo que desea conseguir. De ahí­ hasta otras más elaboradas teorí­as de la conspiración… todo es posible.

Lo cierto es que la violencia para conseguir objetivos ideológicos, religiosos o polí­ticos (tanto monta) desde la minorí­a se opone frontalmente a la consecución de esos objetivos.

Pongamos un ejemplo de ideologí­a independentista no violenta: el liderado por Ghandi frente a la dominación inglesa de la India. La “resistencia pasiva” de hecho es un acto sumamente violento contra el poder establecido. Pero sólo es posible cuando media inteligencia suficiente como para convencer a una mayorí­a.

En resumen, la violencia parece que ha resultado útil (en cuanto a objetivos) en los casos en los que previamente ha habido inteligencia suficiente como para desarrollar una estrategia que convenciese a una mayorí­a para pasar a la acción.

Podrí­a difundirse fácilmente la estrategia de, por ejemplo, no comprar productos de empresas “extranjeras” o, más simple aún, no votar al partido que sustenta el poder opresor. Cosas que, de producirse, serí­an más rentables y contundentes que otras acciones violentas.

Pero, para lo anterior, harí­a falta una estrategia, un método, una inteligencia y una energí­a mantenida a lo largo de un tiempo. Todo con el fin de hacer ver a los supuestos oprimidos la necesidad de la acción y así­ alcanzar una masa crí­tica. Si el poder opresor reacciona con violencia entonces la respuesta violenta entra dentro del terreno de lo probablemente útil de cara al objetivo propuesto… porque ya se ha alcanzado una masa crí­tica. Parece sencillo. De hecho, así­ han triunfado algunas revoluciones.

Así­ que deduzco que los grupos violentos desde su minorí­a carecen de inteligencia.

Es más fácil reunirse, auto-afirmarse y excitarse en grupo para luego salir a insultar (da igual decir fascista que rojo de mierda), quemar autobuses, pegar un tiro en la sien, poner una bomba o cualquier otro acto violento… que hacer uso de la inteligencia.

Todo eso no hace más que obstaculizar la obtención de objetivos. Porque ¿no parece más inteligente crecer para alcanzar un cierto tamaño que permita negociar con el poder?

Salvo que (empiezo a desvariar preocupantemente) los grupos violentos los mantengan otros grupos mayoritarios que manejan los hilos del poder precisamente para eso… para que se retrasen los objetivos o se puedan conseguir, de tapadillo, otros. ¡No puede ser! Eso significarí­a que los violentos minoritarios serí­an marionetas a dos bandas: una interna, ví­ctimas de una grave dificultad para la expresión de la inteligencia; y otra externa, ví­ctimas de una manipulación digna de un bestseller.

Algún dí­a tengo que plantearme seriamente escribir novelas.

Publicado en Desvarí­os
Un comentario a

“Desvariando sobre la violencia”

  1. El 17-2-2008 a las 8:44 pm aviboranegra surfeando sobre Internet Explorer 6.0 Internet Explorer 6.0 con Windows XP Windows XP, dijo:

    mmmmmmmmmm……la parte que comentas que una mayorí­a sustenta ,alienta o manipula movimientos minoritarios violentos para que su fines (generalmente opuesto a lo que persigue esa minorí­a ) se lleven a cabo. Ha pasado en numerosas ocasiones de la historia. Más de una vez un gobierno (incluso antes de la democracia) ha permitido el estallido de la violencia por lo mucho que le convení­a cara a justificar sus fines. Generalmente violentos también y en gran escala….
    Las cruzadas sirvieron para pagar el ansia de tierras y riquezas que muchos nobles y reyezuelos de segunda de la Europa de la época. Poco importaban al fin los lugares santos y la seguridad de lo peregrinos.
    Perl Harbour se permitió atacar por los japoneses para justificar la entrada de EE. UU en la segunda guerra mundial (no lo dudéis por eso no habí­a un solo portaaviones en puerto y tan solo unos destructores cuyo valor estratégico eras nulo…)
    El asesinato de un noble (el cual le importaba un bledo a las superpotencias) fue el detonante de la primera guerra mundial.
    Hitler invadió Polonia para garantizar la seguridad de la < > que sufrí­a ( según el) la violencia de los polacos …..
    Y quizás, quizás a los partidos nacionales de la España de hoy les interesa la violencia nacionalista que generan unos pocos, para deslegitimar las reclamaciones nacionalistas de otros muchos que llevadas en el ámbito de la democracia y de forma pací­fica, tiene toda la validez que un pueblo les quiera dar, ( el dí­a que sean la mayorí­a de ese pueblo claro)….algo que puede no interesar a todos….la cosa es peliaguda. :roll:
    Por cierto aní­mate con lo del libro… :razz:

Tranqui, tu email no será publicado.

Una cosa así: http://www.tusitio.com

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