Restaurante La Casilla de Betanzos revisited
Cuando te dedicas a valorar restaurantes conviene, de vez en cuando, visitarlos en días de máxima afluencia.
Así se puede captar mejor cómo funcionan bajo cierta presión.
La Casilla se viene abajo cuando está lleno.
La comida sigue siendo interesante pero el servicio sufre una pequeña metamorfosis.
De repente esta familia se vuelve totalmente oscura, hosca y estresada.
Conste que estoy acostumbrado a llegar a restaurantes en los que hay que esperar. En ciertos países es la norma, incluso reservando. Hasta ahí normal.
Pero hay una simple frase que suaviza la espera, sobre todo si ya estás en la barra: ¿Les apetece tomar algo mientras esperan?
Pregunta básica de la buena hostelería.
En La Casilla lo ignoran.
Cuando se llena trabajan por encima de su nivel de incompetencia.
¡Cuanto cuesta estar al nivel en que la fama te sitúa, justa o injustamente!
En fin, ha sido mi última visita a La Casilla… salvo que alguien me invite (a lo que no suelo hacer ascos). No es que sea un asunto grave, desde luego. Pero Betanzos y el resto del mundo están llenos de otros restaurantes por descubrir.
Invítame a un café
