Puede que los nazis estuvieran locos, pero no eran tontos
Este título no me gusta mucho porque, en general, me parece que la locura es respetable. O merece toda nuestra consideración puesto que tiende a asociarse con la creatividad. Y la creatividad es algo inherente a la Vida (con mayúsculas). Pero tómese como bueno en sentido general.
Los líderes intelectuales del Tercer Reich no eran precisamente tontos. Los 12 años que duró el imperio fueron un derroche de creatividad profusamente derramada en pro de sus espeluznantes y nunca totalmente claros objetivos.
Como ejemplo de sus agudas dotes de observación, análisis y eficiencia podemos constatar que aún son perfectamente válidos y gozan de universal aplicación…
LOS 11 PRINCIPIOS DE GOEBBELS PARA LA PROPAGANDA EFICAZ
1. Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.
2. Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.
3. Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”.
4. Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.
5. Principio de la vulgarización. Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.
6. Principio de orquestación. La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”.
7. Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
8. Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.
9. Principio de la silenciación. Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.
10. Principio de la transfusión. Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.
11. Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente de que piensa “como todo el mundo”, creando una falsa impresión de unanimidad.
A estos debo añadirle, personalmente, dos principios accesorios con el único fin de afinar la comprensión del hecho indudable de su actual y vigorosa vigencia:
- Principio de la negación absoluta o del “propagandista honrado”. Todos cuantos hacen uso habitual, consciente y reiterado de estos principios lo negarán absolutamente y se reafirmarán en su “evidente” posición de honradez.
- Principio de la visión cruzada o de la “grey inmutable”. Todo seguidor incondicional del “propagandista honrado” estará absolutamente convencido de que quienes aplican mezquinamente los principios de Goebbels son siempre los “otros”.
A partir de aquí que cada cual piense como quiera. O como pueda.
NOTAS:
- Joseph Goebbels
- Tercer Reich

