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Betanceiro en salsa de tomate
Aquà hay tomate… debió pensar muchas veces José LuÃs Couceiro metido en el berengenal de Lord Ednam.
Si hay un gallego en la luna, seguro que es de Betanzos.
La Voz de Galicia publica hoy esta historia. Es domingo. Llueve. DÃa idoneo para copiar y pegar:
Un gallego, testigo del escándalo Profumo
A los 18 años, José Luis Couceiro dejó su Betanzos natal para trabajar en una mansión de la aristocracia rural británica. Allà conoció a todos los involucrados en el caso que conmocionó la polÃtica del paÃs.
Los zapatos llevaron por el camino de la emigración a José Luis Couceiro Vicos. Su tÃa Antonia Vicos fue una de las primeras mujeres gallegas en emigrar al Reino Unido: en 1945 comenzó a trabajar en la Embajada uruguaya en Londres. Un año después, entró como doncella al servicio de Stella Carcano y Morra, hija del embajador argentino, que preparaba su boda con lord Ednam y necesitaba personal para la mansión a la que habrÃa de llamar su hogar; Stella buscaba preferentemente mujeres gallegas, lo mismo que su hermana menor, Ana Inés, quien con el tiempo también emparentarÃa con otra familia de la aristocracia británica, los Astor. Los paquetes que enviaba Antonia eran muy apreciados por sus sobrinos de Betanzos. La comida y la ropa, por motivos evidentes: José Luis frecuentaba los comedores de La Cocina Económica, regentada por las monjas del Hospital de San Antonio, y el del Auxilio Social, gestionado por Falange, y la única forma de aliviar el hambre era ir primero a uno y después a otro, sin que sus responsables se percatasen del doblete. Pero los juguetes también eran bien recibidos, para envidia de los hijos de los señoritos, que no entendÃan cómo aquellos niños pobres, que además cargaban con el estigma de rojos, se manejaban con réplicas de Colts 45 que chispeaban igual que los de verdad.
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El dÃa que l@s galeg@s invadieron Roma
Ya estaban hart@s de que siempre fuera Roma la que invadiera la Galia. Asà que un dÃa dejaron quehaceres y blogs (éste y éste otro, por ejemplo) y se propusieron invadir Roma.
Asà de felices aparecieron en el Trastévere (la de la bicicleta simplemente pasaba por allà sin sospechar la ruina que se le venÃa encima al Imperio):

Inmediatamente, fieles a su espÃritu revolucionario e indomable, iniciaron una sentada ni más ni menos que frente al Foro (concretamente frente a la BasÃlica Magencia):

Una vez que hicieron temblar los cimientos del imperialismo terrenal no tuvieron reparos en desafiar al poder espiritual. Para ello se marcaron un ambicioso plan que pasó por un exhaustivo conocimiento de hasta los más Ãntimos detalles del Vaticano, incluyendo las confesiones del modisto de S.S., en qué lugar se enamoró de Cristo… hasta llegar al poster central desplegable con Benedicto en una de sus poses más atrevidas:

Bien, sólo fue una incursión aislada, es verdad. No llegaron a derribar las puertas de la Curia (el viejo Senado Romano) pero el gesto está ahÃ. Uno de los gallegos invasores se plantó delante, en posición desafiante a la que sólo le faltó la corona de laurel:

¡Tiembla Roma! ¡Ancho es Betanzos!
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Betanzos conquista Londres
Dijo: London, ¡allá vamos!
Y se fue.
A la conquista del espacio y el tiempo.
Porque viajar es, contrariamente a lo que se piensa, algo de lo más perdurable.
¡Que te quiten lo bailao!
Vero se echó el hatillo al hombro y viajó.
Y, voto a BrÃos que se lo pasó bien.
Vean si no:
- Impresiones de Londres (Parte I)
- Impresiones de Londres (Parte II)
- Impresiones de Londres (Parte III)
Y eso:
¡Que le quiten lo bailao!

Vero comenzando la conquista de Notting Hill.

Vero planteándose conquistar Harrods, con look “retro-feliz-psicodelia-años-60″… pero feliz, eso si.

Extasis en Covent Garden.
¿Es ancho o no es ancho Betanzos?
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Hay un garelo en Irlanda
Dicen que los gallegos, un dÃa, conquistaron Irlanda. O algo asÃ. Tal vez Breogán. O algunos del clan de los Milesios que, posiblemente, eran de Betanzos. O como se llamara entonces.
Cuentan las viejas historias que un dÃa embarcaron y tomaron rumbo norte. Se encontraron con la verde Erin enzarzada en una de sus disputas épicas.
Los Milesios, ni cortos ni perezosos se pusieron de lado de la raza cuasi-divina de los Thuata de Danand los cuales, luego, desaparecieron en la niebla del misterio voluntariamente, gracias a sus artes mágicas.
Combatieron los de Betanzos contra los Fir Bolg. Los vencieron y allà se quedaron. Para demostrar que, efectivamente, Betanzos es ancho.
Y todavÃa sigue allÃ, como testimonio de una raza indómita y guardian de todas las morriñas… MartÃn.
MartÃn tiene un blog sobre informática, tecnologÃa, negocios y cosas semejantes. Algo durillo de leer para el ojo profano.
Pero si lo despojamos de tecnicismos y elegimos ver sólo los artÃculos sobre Galicia… descubrimos al auténtico gallego escondido.
Aún más, veamos los artÃculos sobre Irlanda, para comprobar que razones habÃa para querer ir allÃ.
Porque el gallego ama la belleza. Y si acaso costase descubrirla, su mente vagarÃa incesantemente por el laberinto de sus recuerdos verdes y azules.
Pero no es el caso. Irlanda conserva rasgos de la indefinible esencia salvaje que caracterizó al druÃdico celta. Véase si no la foto que nos ofrece MartÃn de Phoenix Park, el parque abierto más grande de Europa.
O su colección de fotos del DÃa de San Patricio.
Algo hay entre Galicia e Irlanda que nos es común. ¿Acaso los genes Milesios?
Ancho es Betanzos.
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