El derecho a la pereza
Por fin he leido esta pequeña obra de Paul Lafargue. Digo pequeña porque despojándola de notas a pie de página y su mordaz sátira contra políticos de la época (hablamos de la III República en Francia) quedarán unas 23 páginas.
Dada su limitada extensión quedan muchas lagunas en su tesis o apología de la pereza. Algo que parece reconocer Lafargue dejando un camino abierto para que otros especialistas se decidan a hollarlo.
Sin embargo permite al lector utilizar las bases de su estructura razonativa para hacer juegos malabares con ellas y elaborar algunas reflexiones. Cosa que me propongo hacer ahora.
Hay que dejar claro que Lafargue habla totalmente en serio en esta refutación del Derecho al trabajo.
Una extraña locura se ha apoderado de las clases obreras de los países en que reina la civilización capitalista. Esa locura es responsable de las miserias individuales y sociales que, desde hace dos siglos, torturan a la triste humanidad. Esa locura es el amor al trabajo, la pasión moribunda del trabajo, que llega hasta el agotamiento de las fuerzas vitales del individuo y de su prole.
En vez de reaccionar contra tal aberración mental, los curas, los economistas y los moralistas, han sacro-santificado el trabajo. Hombres ciegos y de limitada inteligencia han querido ser más sabios que su Dios; hombres débiles y despreciables, han querido rehabilitar lo que su Dios había maldecido.
Yo, que afirmo no ser cristiano, ni economista, ni moralista, apelo a lo que en su juicio hay del de Dios; a los sermones de su moral religiosa, económica, librepensadora, a las espantosas consecuencia del trabajo en la sociedad capitalista.
En la sociedad capitalista, el trabajo es la causa de toda degeneración intelectual, de toda deformación orgánica. Comparad los purasangre de los establos de los Rothschild, servidos por una legión de bímanos, con las pesadas bestias normandas, que aran la tierra, acarrean el abono y transportan la cosecha a los graneros. Mirad al noble salvaje que los misioneros del comercio y comerciantes de la religión no han corrompido aún con sus doctrinas, la sífilis y el dogma del trabajo, y mírese a continuación a nuestros miserables sirvientes de las máquinas.
Lafargue aboga por una jornada laboral de 3 horas.
¡Haaaala! direis algun@s. Y, sin embargo, tiene una lógica aplastante.
No hay más que intentar comprender los movimientos cuasi-orgánicos de la economía para darse cuenta de que estamos muy lejos de haber conseguido un equlibrio satisfactorio para la vida humana.
Cada vez que intentamos entender el misterio de la economía algo se escapa. Sentimos que el modelo es sumamente imperfecto y, por eso, revienta periódicamente, tal como estamos viéndolo ahora, en esta época de explosión que nombramos lacónicamente como “tiempos de crisis”.
Y si aspiramos a una solución satisfactoria deberíamos cambiar radicalmente el enfoque. Para lo cual haría falta que las “brillantes” mentes de nuestros amados políticos tuvieran precisamente eso, la capacidad de brillar.
A ver…
- Si trabajásemos más horas produciríamos más. El problema es ¿quién va a consumir lo producido? Si no hay consumo la producción alcanzará inevitablemente una masa crítica. Y entonces revienta.
Es cierto que el parche consiste en encontrar nuevos mercados. La industria babea por entrar en el mercado chino. Pero hasta ahora sólo los chinos han sabido mantener su economía a base de inundar el mundo con sus productos. El sistema es simple: economía basada en la esclavitud = productores que no pueden aspirar a consumir ==> exportación. Como los precios son baratos (y la calidad mala) el mundo se llena de productos chinos. Y su economía se sostiene (temporalmente).
- ¿Habeis visto como una de las soluciones a la crisis de producción consiste en fabricar cosas que cada vez duran menos? No es necesario ser muy listos para comprobar que las cosas, en tiempos de nuestros abuelos, duraban mucho más. Hoy en día, cuando aprendes a manejar algo ya está obsoleto. Esto ha funcionado hasta ahora… pero también este truco ha llegado a un punto crítico.
- Ahora estamos a punto de debatir (en España) el aumento de la edad de jubilación. ¿Es sensato?. No. Sólo representaría poner otro parche para mantener las arcas del estado in extremis.
- El problema actual estriba en que no hay consumidores para lo que se produce. En España básicamente pisos (la economía basada en la insaciable producción de ladrillo). Como aquí tenemos la cultura de que una persona no es “alguien” hasta que se compra un piso la cosa ha funcionado. Pero a base de trabajar más, cobrar cada vez menos y subir los precios de la vivienda hemos conseguido:
a) Por una parte aumentar la esclavitud del individuo atándolo a un compromiso de pago llamado hipoteca durante toda su vida.
b) Limitar cada vez más los consumidores potenciales de lo producido pues con un sueldo de mierda no se puede acceder a una vivienda cada vez más cara. Y con una hipoteca inflada colgada del cuello tampoco se puede consumir.
En consecuencia, la burbuja ha explotado porque los pisos no se pueden exportar.
¿Y ahora qué?
Los gobiernos se vuelcan en salvar a los que los financian. Por supuesto, los bancos.
- Dice Lafague que los antiguos griegos y hasta los romanos abominaban el trabajo. Los oficios manuales (producción) eran dejados para los esclavos. Evidentemente una economía así funciona porque los esclavos (sin tecnología) producen a un ritmo que mantiene el sistema.
El sistema, salvando algunas diferencias de forma, se parece al sistema actual. Hoy un “mileurista” es un esclavo al servicio de un capitalista que busca producir al menor precio para vender al mayor posible. La diferencia negativa respecto a la Grecia clásica es que tenemos tecnología capaz de llevar a efecto una producción bestial para la que no hay consumidores.
- En todo este confuso panorama se me ocurre que la solución pasa por potenciar la producción y el consumo local. Galicia tiene una buena base en su agricultura minifundista. Observareis que es el momento de los pequeños productores vendiendo directamente sus productos en su entorno cercano. Naturalmente pasando de los intermediarios especuladores. En este terreno, la reconversión de los agricultores hacia una producción ecológica orientada al mercado cercano sería algo realmente interesante.
- Jornadas laborales de 3 horas manteniendo el salario ¿es posible? Muchos direis que no. Pero yo creo que sí. Claro que esto requeriría un cambio de enfoque tremendamente radical que no estarán dispuestos a permitir los bancos y el sector macroeconómico. Representaría una auténtica revolución del proletariado si éste estuviera dispuesto a “reprimir” sus ansias de trabajar (está claro que con jornadas de 3 horas muchos terminarían buscando 3 trabajos siguiendo sus pulsiones que los empujan a seguir esclavos de un sistema perversamente creado por las élites de la explotación). Preciso es que la gente se decidiese a consumir preferentemente productos locales haciendo circular la riqueza en el mismo entorno en el que se produce.
Sigue teniendo esto muchas lagunas, lo se. Pero no cabe duda que aunque parezca utópico el camino tiene que ser otro muy distinto al que nos empeñamos en rehabilitar constantemente. Lo malo es que hasta que las cosas caigan por su propio peso varias generaciones malgastarán su vida como esclavos de un sistema ineficiente y despiadado.
Mucho he trabajado ya por hoy. Mis primigenios instintos me llaman a regresar a mi natural estado de pereza. Loada sea esa musa de la inteligencia, la creatividad y la libertad. Que algún día sea digno de sus preciosos dones.
Os dejo, sin embargo, con el panorama casi desolador que nos ofrece uno de los profetas de la economía. Dentro de lo malo hay algunos consejos para capear el temporal que aún no remite (se diga lo que se diga):
Invítame a un café
Concellofrenia o alcaldiofrenia.- patología mental, habitualmente ligada a diversos grados de oligofrenía y paranoia, por la que un alcalde o alcaldesa manifiesta estados mentales patológicos por los que elabora una discurso mental ficticio que le hace creer que el pueblo le pertenece y que sólo sus ideas son las apropiadas, convenientes y correctas. Esta patología puede afectar en grados variables a los demás componentes de un equipo de gobierno.
Me gusta seguir el rastro en el tiempo de las palabras. Arroja mucha luz sobre las ideas que dieron lugar al lenguaje.

