Etiquetas: arquitectura tradicional, etnología, historia, Tradiciones
Hace algunas semanas tuve el privilegio de visitar la parroquia de San Xulián de Vigo.
Y también husmear dentro de una casa tradicional (o antigua) parcialmente restaurada.
A partir de esta interesantísima experiencia me propuse descubrir otras aldeas “perdidas” por la todavía misteriosa superficie de Galicia.
Que haberlas las hay, muchas y bonitas.
Pronto os contaré cual me ha gustado más.
Supongo que hay ciertas leyes y normativas que tratan de proteger la arquitectura rural tradicional. Disposiciones que pueden cumplirse mejor o peor.
Pero no me cabe duda de que conservar la arquitectura tradicional es una necesidad de interés público, etnológico, histórico, educativo y estético. Algo que debería tomarse muy en serio.
Las cosas en general tienden a adquirir un valor inusitado con el tiempo.
Imaginaos que cada paso de página de la historia no conllevase la destrucción de las huellas de la página anterior.
Que, por ejemplo, hubiésemos puesto especial celo en conservar elementos altamente representativos del neolítico, cultura celta, romanización, roces moriscos, edad media, etc, etc, etc… hasta nuestros días.
Probablemente nuestra percepción de la historia además de respetuosa sería más completa y objetiva.
O, imaginaos, que El Pasatiempo de Betanzos se hubiese conservado en sus dimensiones e integridad originales. En vez de un campo de fútbol y varias parcelas llenas de mierda tendríamos una atracción turística de dimensiones mundiales. Al margen de la opinión que nos mereciera la megalomanía ingenua o la ingenuidad megalomaníaca de los hermanos García Naveira.
El paso del tiempo lo hubiera dotado de la aureola de lo extraordinario y eso tiende a diluir otros detalles.
A su alrededor se hubiera extendido también una inevitable prosperidad para Betanzos.
Lamentablemente los seres humanos carecemos del debido sentido del fluir de las cosas y sentamos cátedra imponiendo intereses etnocéntricos y parcelarios (parcelas de tiempo y cultura). En ese sentido nos semejamos a los primates y a otros respetables miembros del reino o república animal cuyos intereses inmediatos ocupan la totalidad de su cerebro.
Cuando pienso en la necesidad de conservar elementos característicos y representativos del pasado también incluyo elementos “negativos” de la historia pues, al igual que sucede en el campo de la psicología, destruir, reprimir, tratar obsesivamente de olvidar, deriva siempre en algún tipo de patología con consecuencias más o menos destructivas.
Elucidar, arrojar luz, abarcar, hacerse consciente de, comprender, observar objetivamente, contemplar, mirar de frente… supone el fin del elemento reprimido y por tanto tiende a producir tranquilidad, seguridad y equilibrio.
Bueno, es sólo una teoría. Pero tiene cierta lógica. Y la que tiene cierta lógica tiene más que otra que no la contiene en absoluto. De momento.
Aplicado a nuestro propio entorno, en una pequeña escala, produce un recuncho tan equilibrado como San Xulián de Vigo.
Un placer estético indudable.
Los tiempos han cambiado. Ya no es necesario ir a vender a la Feria de Betanzos siguiendo la ribera del Mandeo a través de Os Caneiros (ida y vuelta).
Pero es bueno saber que un día fue así.
Y poder contemplar con el debido asombro esas maravillosas casas levantadas piedra a piedra.
Casas para varias generaciones.
Hoy, lo que tiende a durar varias generaciones son únicamente las hipotecas.
Ojalá un día se puedan contemplar esos documentos legales en un museo. Y los miremos con el mismo asombro que nos producen hoy las cartillas de racionamiento.



He encontrado este
En medio de este bosque, como un barco, se alza el impresionante monasterio de Caaveiro. Un monasterio que fue “regalado” por un señor arzobispo a un abogado de Santiago, que lo “reformó” a su gusto para usarlo como casa de campo. Vivan los cojones del arzobispo. Viva la sopa boba. Actualmente, recuperada la propiedad por la Diputación, está en reconstrucción (aunque visitable gracias a la inapreciable labor de guías voluntarios).