15 de noviembre de 2012 | Archivado en: Cajuntal, Política
Huelga general del 14N en Betanzos
La huelga general del 14N convocada por diversos sindicatos y otros colectivos tuvo, aparentemente, escaso seguimiento en Betanzos. Así a vuelapluma, de un vistazo, pocos comercios la secundaron. Debemos congraturlarnos de vivir en un territorio en el que se puede elegir libremente ir a una huelga o no. Pero no deja de sorprenderme la apatía de la que hace gala mucha gente. Parece como si casi todos creyéramos que esa libertad y los derechos que disfrutamos hubiesen aparecido por generación espontánea.
Puedo estar de acuerdo o no con la actividad de los sindicatos. De hecho, no estoy nada de acuerdo con ellos en muchas cosas, entre ellas su forma de financiarse. Pero no puedo ignorar que una gran mayoría de los derechos sociales y laborales que tenemos han sido el resultado de decenios de actividad sindical. Si el sistema económico y político no hubiera sentido la resistencia y la lucha de los sindicatos hoy seguiríamos sin tener horarios, seguridad social, sueldos mínimamente dignos, podríamos ser despedidos sin alegar motivos ni percibir indemnización alguna… y bla, bla, bla… todo eso que parece medio normal pero que ha costado luchas, huelgas, manifestaciones y hasta vidas humanas.
Actualmente vivimos una época en que gran parte de esos derechos son cuestionados y están en franco retroceso. Los gestores a los que pagamos muy bien para que administren nuestras propiedades públicas se han dedicado durante muchos años a dilapidar y administrar de forma nefasta. Nos han metido en una deuda impagable. Pasarán generaciones hasta que esa deuda pueda ser satisfecha si es que realmente puede hacerse. Es tanto el dominio que los mercados especulativos tienen sobre nuestras vidas que los dos partidos políticos mayoritarios (de ideología política tan diferente) se han puesto de acuerdo para modificar la constitución de tal forma que el pago de la deuda contraída esté por encima de las necesidades sanitarias y educativas de la población (de nosotros, de nuestros hijos, nietos y futuras generaciones).
La extrema codicia de los bancos ha resultado en el colapso del sistema. Pero graciosamente se han empleado y emplearán caudales públicos para solucionar sus nefastas gestiones obligando a vender literalmente todo lo bueno que teníamos. Esto implica privatizar gran parte del sistema sanitario y eliminar partidas tan necesarias como las dedicadas a las ayudas a personas en situación de dependencia y muchas otras. La situación es tan grave que para ir pagando el día a día (recordemos que el gobierno no puede apelar a la socorrida posibilidad de imprimir billetes) se ha tenido que echar mano al fondo de pensiones. Por lógica, no hace falta tener muchas luces para intuir que lo que se nos viene encima no es trágico sino algo que va incluso más allá de lo trágico.
Mientras tanto, la canalla política sigue dando muestras de una suficiencia y distanciamiento de la realidad social que llega a ser profundamente dolorosa y manifiestamente inmoral.
En medio de todo esto, aún respetando la libertad individual, resulta de lo más triste que haya gente que no sienta ni el más mínimo asomo de solidaridad con la gente más vulnerable. En un país con cerca de 6.000.000 de personas en paro, el más alto de toda la Unión Europea, con los sueldos más bajos, pensiones de pena, el consumo cayendo en picado y ni un asomo de “brotes verdes” por más que la demagogia política se empeñe en decir que ya se ven y esto va a ir de fábula lo peor que puede pasar es que las personas vivamos sumidas en este egoismo bobalicón. Nos dejamos alimentar de fábulas que nos adormecen cada día porque en el fondo nadie queremos admitir que el mundo que hemos conocido se está desmoronando.
No querremos verlo pero hay gente, familias, que están pasando hambre. HAM-BRE con todas sus letras y sílabas. Y esto no va a mejorar con nuevos recortes, con el retraimiento brutal del consumo, con la gestión privada de la sanidad, la anulación de las subvenciones a la investigación ni las mermas de personal y medios en el sector educativo.
En Betanzos la mayoría de los comercios no han cerrado. Direis: no nos podemos permitir cerrar ni un solo día. Pero tendreis que cerrar cuando no haya gente que pueda comprar o contratar vuestros servicios.
Las huelgas no se convocan para joder a todo el mundo. Son necesarias para que marquen un punto de reflexión si es que existe alguien en el gobierno con la capacidad de ponerse al nivel de la gente (de toda la gente, porque no se gobierna solo para los simpatizantes de un partido sino para todo un país).
Las reivindicaciones sociales deben ser consideradas, independientemente de quien las ponga de manifiesto. A no ser que vivamos todavía, que va a ser eso, en un nivel de democracia extremadamente infantil donde la gente vota a un partido político de la misma forma que dice ser del Depor, del Madrid o del Barça y no quiere saber nada más.
Falta solidaridad y conciencia social. Al final todos estamos en el mismo barco. Aunque el “barco” es una entelequia porque en realidad la sociedad, el país, el barco somos las personas. Tus clientes son personas. Si las personas se hunden tú te vas a hundir con ellas. El gobierno también está formado por personas aunque con unos privilegios temporales que ponen en marcha todos los mecanismos psicológicos de la ambición y la búsqueda personal de seguridad. No nos engañemos, un gobierno necesita oposición y esa oposición debemos ejercerla las personas si es que aspiramos a vivir realmente en una democracia verdadera y no en una democracia nominal.
La única salida de este desastre solo puede estar en un punto de conciencia social acrecentada en el que las personas podamos decidir sobre las cuestiones importantes que nos van a afectar seriamente. Y, por lo pronto, estamos bastante lejos de ese punto.
Que el futuro os sea leve.
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